sábado, 24 de octubre de 2020

1984, de George Orwell


Orwell en 1945 (Vernon Richards)

 

            Narración científica y distópica, en cierto sentido semejante a Un mundo feliz (1932) de Aldous Huxley (1894-1963) pero con una carga política mucho mayor. Georges Orwell (1903-1950) elabora en esta su novela última —murió muy joven, de la tuberculosis que minaba su organismo desde los años veinte— una profecía desencantada del futuro que esperaba a la sociedad de los países desarrollados, especialmente del suyo, el Reino Unido, donde gobernaba desde hacía años el partido laborista, que él, situado más a la izquierda, veía retrógrado, totalitario y fascistoide. Esta es la lectura más tentadora de todas las que pueden hacerse de la novela, expuesta por Thomas Pynchon (1937) en el epílogo escrito para la novela en 2003.

            Dada la inabarcable lista de críticas y comentarios que de 1984 se han escrito, me voy a limitar a escribir de la obra lo que me apetezca, actitud, por otra parte, que aún puedo asumir al vivir en una sociedad que creemos libre.

Desengaño. Esta es la palabra que puede sintetizar la experiencia vital de Orwell, persona conocedora de las míseras condiciones en las que vivía el proletariado de distintos países, clase social —aún existen, no parece que vayan a dejar de hacerlo— homenajeada en su novela al ser la única que conserva en su seno los impulsos y los sentimientos que nos hacen humanos. Orwell imagina una sociedad futura dividida en tres castas bien separadas de las que las dos superiores, los altos y los bajos funcionarios del partido, aun poseyendo familias, han perdido cualquier atisbo de lazo afectivo. Los hijos pueden denunciar a sus padres a la Policía del Pensamiento si piensan que han cometido alguna desviación ideológica, un crimental en la nuevalengua, y entre las parejas no existe lo que siempre se ha conocido como amor, la entrega desinteresada a otra persona basada en el placer que nos causan su cercanía y su felicidad. Winston Smith, el protagonista, vive (cree estar viviendo) una historia de amor con Julia y se considera un disidente capaz de cooperar en la caída de un régimen totalitario que ve necesario combatir. La novela no puede reflejar un desencanto mayor. Lástima que su autor no viviera más años para comprobar cómo su texto ha servido desde su creación para la toma de conciencia de la manipulación que todos sufrimos por las clases dirigentes, hoy día conformadas por las altos directivos de las grandes plataformas digitales que gobiernan el mundo, hábiles practicantes del doblepiensa y dueños de herramientas de vigilancia de una efectividad inimaginable en la época de Orwell, artefactos como el que usted, lector, tiene en su mano en este momento. Nosotros, simples proles, somos humildes esclavos de la economía digital, incapaces de pensar libremente. La pesadilla continúa.

 

George Orwell, 1984, Barcelona, Debolsillo, 2013. (Nineteen Eighty-Four, 1949). Traducción de Miguel Temprano García.

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