miércoles, 21 de julio de 2021

Encerrados con un solo juguete, de Juan Marsé

 

 

Muchos, creo que todos, quisieran haber escrito una ópera prima como esta, obra de los veintitantos años que demuestra un dominio del lenguaje y las imágenes que casi nadie consigue aun viviendo noventa. Juan Marsé (1933-2020) ha sido uno de esos raros fenómenos editoriales que consigue triunfar también entre los críticos independientes. En fin, que nadie intente compararse con él si se dedica a escribir ficción, porque si lo hace probablemente deje de hacerlo, agache la cabeza y emplee su tiempo en pergeñar artículos sobre la actualidad o reseñas de novelas para acabar siendo tragado de manera inmisericorde por las fauces del tiempo. Dentro de unos años, todos calvos y todos olvidados. Todos menos artistas como Marsé.

Encerrados con un solo juguete (1960) cuenta lo sucedido en un triángulo amoroso en el que uno de los vértices, Tina, forma parte de una unidad familiar cuya residencia resulta un lugar decadente y opresivo, como también lo son las relaciones que existen entre los miembros de las distintas familias, de las que solo parece salvarse, por menos morbosa, la mantenida entre la madre del personaje principal y este mismo, Andrés, un individuo de aparente diseño autobiográfico. Andrés desdeña la compañía de los muchachos de su edad de comportamientos abusivos con las chicas, rasgo propio, desde siempre, de la personalidad de muchos escritores, individuos muy observadores y de mirada especialmente sensible. La acción transcurre en Barcelona en los años cincuenta, cuando las huellas de la guerra civil están aún muy presentes en la vida de sus habitantes. Marsé, como la mayoría de los novelistas, recrea sus experiencias, en su caso muy determinadas por la guerra, comenzada cuando él tenía tres años. Intenten imaginar cómo pudo vivir aquello un niño.

Marsé escribe y encara las situaciones de sus novelas de forma determinada y creativa. De Encerrados con un solo juguete podría destacarse la adjetivación, valiente en la elección y nunca demasiado abundante, y la creación de imágenes, algunas cargadas de lirismo, usadas por el autor para describir sensaciones y cuadros materiales, físicos.

En el argumento, la fea realidad se impone sobre otras consideraciones: no eran tiempos aquellos para memeces o romanticismos insulsos. De todas formas, aunque solía hacerse el duro, Marsé debía tener un corazón que no le cabía en el pecho. Eso, seguro.

 

Juan Marsé, Encerrados con un solo juguete, Barcelona, Debolsillo, 2020.

 

Víctor Espuny.

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