lunes, 16 de marzo de 2020

Los cosacos, de León Tolstói


(iStock / EvgenyBuzov)

León Tolstói (1828-1910) es un autor del que uno puede enamorarse gracias a su biografía. Su pertenencia a una familia de la alta nobleza rusa y su posesión de unos escrúpulos morales basados en una necesaria sensibilidad social, en un preocuparse por los demás, conformaron una persona y una obra literaria de conocimiento imprescindible. Algunas de las principales corrientes de conducta actuales, casi religiones, llamadas veganismo, vegetarianismo, pacifismo y naturismo fueron apoyadas y difundidas por él hace más de un siglo. A lo largo de su vida, y en un continuo proceso de autoconocimiento y maduración, se comportó de todas las maneras posibles, desde la correspondiente a un muchacho sensual, vitalista, vicioso y frívolo hasta la propia de un hombre mayor reflexivo y profundamente solidario.
            Los cosacos (1863) es una novela basada en experiencias bélicas, cinegéticas y amorosas del autor en las que se recrea la vida de un joven aristócrata militar ruso destacado en la región noreste del Cáucaso, donde las fronteras son muy borrosas y difícil la convivencia con los vecinos chechenos, un reflejo lejano del enfrentamiento que aún continúa en nuestros días y llega a los periódicos occidentales como el eco de algo ajeno. El protagonista de la narración, Olenin, aristócrata y urbanita, aparece contrapuesto a su antagonista, Lukashka, un cosaco joven, muy valeroso y perfectamente adaptado a la naturaleza que les rodea. Como mentor ocasional del primero aparece el tío Eroshka, un anciano vital y experto en todos los conocimientos que le faltan a Olenin para sobrevivir en aquella sociedad, de costumbres muy sencillas, naturales, que su misma sofisticación le impide practicar con éxito.
            En la novela destacan el éxtasis por la contemplación de los grandes escenarios naturales —las estepas, los ríos caudalosos, las cumbres de nieves perpetuas— y la fascinación por la sencillez de las costumbres primigenias, despreciadas en la gran ciudad, lugar de complicadas reglas sociales, solar de la falsedad y la hipocresía. Tolstói conoció personalmente a los cosacos, los vio guerrear, cazar, hacer el amor a sus mujeres, observó de cerca a las cosacas, sus reuniones de mujeres solteras o casadas, y describe con admiración sus comportamientos como dignos de una sociedad ideal en la que un hombre de ciudad, aquejado de deformaciones ya imborrables, nunca podrá ser admitido como uno más. Las experiencias que le llevaron a escribir esta novela sirvieron de base también para el desarrollo de su admirable ideario de madurez.  

León Tolstói, Los cosacos, Madrid, Alianza Editorial, 2014. Traducción de Irene y Laura Andresco revisada por Víctor Andresco,

Imagen: Iglesia de la Trinidad de Guergueti (Georgia).

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