jueves, 25 de julio de 2024

La señorita Else, de Arthur Schnitzler

 

Ilustración de Manuele Fior sugerida por el argumento 

Novela breve, poco más de cien páginas, La señorita Else cuanta apenas un día de la vida de una guapa vienesa de diecinueve años que pasa una temporada con una tía adinerada en un destino de montaña, San Martino di Castrozza, en los Alpes Dolomitas, justo al norte del Véneto. La novela fue publicada hace ahora un siglo y debió causar sensación por su modernidad. Sus personajes son exclusivamente miembros de la alta sociedad, entendiendo por tal aquella que puede pagarse unas vacaciones en un lugar como ese. No son personas especialmente válidas desde el punto de vista artístico o humano, solo tienen dinero, aunque alguna, es verdad, toca bien el piano, algo usual en la época, cuando el piano formaba parte de la educación de las jovencitas de posibles. Allí pasan los días insensiblemente, jugando al tenis o a las cartas, dejando que pase el tiempo del verano. Else, muy joven, en plena época de libido desatada, se ve inmersa en una operación económica en la que juega un papel de víctima. La novela contiene, por su argumento, precedentes de otras célebres llevadas al cine, como Una proposición indecente, así que puede hacerse una idea del argumento. Pero esta no tiene nada que ver con la película de Adrian Lyne. Los sentimientos de la muchacha, joven y bonita, están tratados con un respeto mayor y analizados con esmero, como correspondía a Arthur Schnitzler (1862-1931), el autor de la novela, aficionado, como mucha gente culta de la época, y más en Viena, al psicoanálisis. Desde el punto de vista literario, lo mejor de la narración es la coincidencia absoluta entre el tiempo de la acción y el de la narración, y la identificación total entre protagonista y narradora, que cuenta la historia desde un punto de vista estrictamente subjetivo, tanto que todo se reduce a un monólogo en el que las pocas intervenciones dialogales de otros personajes aparecen en letra cursiva.

            Una novela de lectura muy absorbente, cumplida —por necesidad de saber qué va a pasar— en apenas un rato.


Arthur Schnitzler, La señorita Else, Barcelona, Acantilado, 2021 (2ª reimp.) [Fräulein Else, 1924]. Traducción de Miguel Sáenz.


Víctor Espuny.

martes, 23 de julio de 2024

La marcha Radetzky, de Joseph Roth

 

Francisco José I (Biblioteca del Congreso de los EE UU).

 

Novela de largo aliento, La marcha Radetzky cuenta los avatares de la vida de los hombres de varias generaciones de la familia Trotta. Los Trotta viven en aquel territorio conocido como imperio austrohúngaro en las décadas anteriores al inicio de la Gran Guerra, exactamente desde la batalla de Solferino (1859). En ese enfrentamiento armado, en el que los italianos, con la ayuda de la Francia de Napoleón III, van a recuperar parte de su territorio para integrarlo en la gran Italia que se estaba formando, va a tener lugar un hecho relacionado con el emperador que va a marcar la vida de los Trotta hasta la extinción de la rama familiar. Ellos, los Totta, son el imperio, se identifican con él y con Francisco José I, y esa identificación da sentido a su vida y dará sentido a su muerte. Entre los Trotta destaca el más joven de ellos, Carl Joseph, teniente del ejército, en quien Joseph Roth vuelca muchos de sus demonios particulares, algunos de ellos autodestructivos y, por qué no, muy literarios, pues la historia de la Literatura parece estar llena de dipsómanos, erotómanos, ludópatas y, en general, personas que buscan el placer sin medir sus consecuencias, como si la vida les hiciera daño y procurasen su fin por los caminos más largos y dolorosos.

Varias palabras pueden asociarse a esta gran novela. Y una de ellas, indudable, es melancolía, el sentimiento de pérdida soportado con entereza. Aquel imperio era insostenible, como también llegó a ser insostenible la paz mundial. La Gran Guerra marca el fin de una época feliz para muchos, en la que la ingenua inconsciencia de los paseantes que podemos contemplar en las fotografías y las filmaciones de capitales como Viena o París a finales del siglo XIX nos parece ahora, desengañados después de tantos conflictos armados y tantos atentados como trajo el siglo XX, un imposible. Nada es como entonces. El surgimiento del movimiento obrero, una fuerza que solo podía nacer y desarrollarse dadas las inhumanas condiciones de trabajo implantadas después de la Revolución Industrial, alteró un mundo idílico para muchos, los potentados, que vivían en una especie de burbuja protectora que solo podía explotar. En el caso del imperio austrohúngaro, el auge de los nacionalismos hizo imposible la unidad de un territorio inmenso y en el que se hablaban más de diez lenguas, aunque las oficiales eran el alemán y el húngaro, dominadas por un exiguo porcentaje de la población, desconocidas en muchas zonas rurales. Otra de las palabras que vienen a la mente después de haber leído la novela es delicadeza. Roth trata a sus personajes con auténtico amor, haciéndonos verlos como niños candorosos, inadvertidos y despreocupados, incapaces de imaginar lo que se les venía encima en el verano de 1914. Todos los Trotta, pero sobre el barón von Trotta, jefe de distrito, reciben una mirada del autor muy generosa, protectora, como la que derramaríamos en un indefenso niño, alguien que no se da cuenta de nada de lo que está pasando y, además, posee unos códigos de conducta completamente obsoletos por la simplicidad que los ha generado. La última de estas palabras sería lealtad. Ese sentimiento de subordinación y entrega que caracterizaba las relaciones entre señores y servidores durante el Antiguo Régimen estuvo vigente en aquel imperio hasta bien entrado el siglo XX, sentimiento que a veces, cuando el sirviente era especialmente solícito, discreto y veterano, resultaba recíproco. El caso de Jacques, ayudante de cámara del barón, es un claro ejemplo de esa lealtad recíproca y guarda algunas de las páginas más bellas de la novela, en especial el capítulo X. 

Novela para lectores avanzados.

 

Joseph Roth, La marcha Radetzky, Madrid, Alianza Editorial, 2020. Traducción de Isabel García Adánez.

 

Víctor Espuny.

viernes, 19 de julio de 2024

Y eso fue lo que pasó, de Natalia Ginzburg

 

(Imagen de Natalia Ginzburg en lecturassumeergidas.com) 

Natalia Ginzburg (1916-1991) forma parte del extraordinario grupo literario formado alrededor de la editorial Einaudi, fundada en Turín en tiempos poco inclinados a la libertad de expresión en Italia (1933). Junto con su primer marido, Leone Ginzburg —su apellido de soltera era Levi—, fue amiga y compañera de Cesare Pavese, Italo Calvino, Carlo Levi y otros autores de la Italia de mediados del siglo XX de conocimiento imprescindible. La editorial Einaudi fue absorbida por una de esas otras que todo lo quieren llamada Mondadori, que ha devorado y puesto bajo sus colores a otras también muy conocidas por la selección de su catálogo. Últimamente parece que esta última ha sido devorada por un pez aún más grande, lo que nos lleva a pensar que este mundo no tiene remedio, acaba concentrando y desvirtuando todo lo interesante. Esas pequeñas editoriales que apuestan por autores poco comerciales son las que aportan títulos interesantes y debían ser protegidas por el Estado, lo digo en serio, siempre que no las controle, claro, y eso ya parece un imposible.

            La obra más conocida de Natalia Ginzburg, llena de humor y buenas vibraciones, se titula Lessico famigliare (Einaudi, 1963), un relato autobiográfico de lectura muy grata y nada complicada, ideal para lectores con pocas ganas de adentrarse en relatos oscuros. Otro aire, mucho más dramático, posee È stato così (Einaudi, 1947), que acabo de leer en la traducción de Andrés Barba, autor de excelentes libros de relatos, publicada en español con el título de Y eso fue lo que pasó (Acantilado, 2016). La novela, breve, apenas cien intensas páginas, cuenta la historia y las razones del asesinato cometido por una mujer en la persona de su marido, hecho que se menciona en la primera página. A partir de ahí, según la fórmula de la muerte anunciada popularizada muchos años después por el bien vendido García Márquez, la protagonista relata en primera persona todo lo que considera de interés para entender el por qué de las cosas, usando analepsis continuas que nos llevan al conocimiento necesario de la relación entre ambos, a cómo eran sus respectivas familias, la educación recibida, etc., desde las horas estrictamente siguientes a la comisión del conyugicidio. Pero el tema principal del libro no son las infidelidades o los posibles malos tratos, es la búsqueda de la Verdad, así en mayúsculas, ese valor absoluto que podemos declarar desde ahora, aquí, con toda la solemnidad de la que seamos capaces, como algo ilusorio.


Víctor Espuny.

 

 

           

martes, 9 de julio de 2024

El enamorado de la Osa Mayor, de Sergiusz Piasecki

 


Frontera ruso-polaca (Foto: Tomek320).

Hacía tiempo que no leía una novela de acción capaz de contener pasajes líricos y emocionar. El enamorado de la Osa Mayor cuenta la vida que llevan en la frontera entre Polonia y la URSS los contrabandistas, hombres la mayoría, pero también mujeres, que viven peligrosamente para ganar buenas cantidades de dinero que gastan con alegría, generando así una economía del placer en la que ganan prostitutas, taberneros y vendedores de artículos de lujo, relativo pero lujo. La acción transcurre en los años veinte del siglo pasado. Llevan de matute mercancías valiosas, como pieles de astracán o medias de seda, pero también vulgares, como suelas de zapatos. También ayudan a pasar la frontera a personas que huyen de la URSS, desencantados con la revolución. El terreno en el que se mueven es agreste, el clima riguroso. Los hombres de frontera, en la novela, poseen unos códigos de conducta peculiares en los que destaca una ética que recuerda a otros muchos personajes literarios, que buscan esquilmar solo al rico, pues algunos de estos contrabandistas acaban convertidos en meros bandidos, buscando reventar las incursiones de las bandas de contrabandistas rivales, aunque cuiden siempre de no provocar víctimas mortales. De la lectura se infiere que el autor, Sergiusz Piasechi, vivió realmente lo que cuenta o conoció muy de cerca a personas que lo hicieron. La amistad y el amor cierto, vivido por el protagonista, son los otros temas principales de la novela, de lectura agradable, aunque en algunos pasajes resulte un poco monótona por la repetición de episodios casi idénticos. A destacar también el movimiento de lectores de la novela, escrita en 1935 y en la cárcel, que existió, según cuentan, entre la población de Polonia a finales de los años treinta, para que el autor fuera liberado; tanto gustó en su momento. Lástima que todo esto se olvidara rápido con la invasión de Polonia por los nazis en septiembre de 1939 y el comienzo de la II Guerra Mundial.

 

Sergiusz Piasecki, El enamorado de la Osa Mayor. Barcelona: Acantilado, 2010. Traducción directa del polaco de Anna Rubió y Jerzy Sławomirski.

 

Víctor Espuny.

miércoles, 3 de julio de 2024

El camino del tabaco, de Erskine Caldwell

     

Familia de aparceros, Condado de Macon (Georgia)

(Courtesy of Library of Congress, Prints and Photographs Division)

 

En esa búsqueda continua de buenos libros que leer, una empresa que no decae en el transcurso de la vida —si acaso se atenúa cuando uno encuentra mayores placeres en la relectura—, he llegado hace pocos días a Erskine Caldwell (Georgia, EE UU, 1903-1987) y a su novela Tobbacco Road (1932). La he leído en un ejemplar conservado en la Biblioteca Pública Azorín de Alicante. Se trata de una traducción de Anastasio Sánchez publicada en Buenos Aires en 1964 por la Editorial Sudamericana. Lo he tratado con cuidado porque el libro está a punto de desencuadernarse, como suele ocurrir con las ediciones baratas de aquellos años. Su lectura, muy absorbente, ha venido además dificultada por el amarillo de sus páginas, ese color que toma con el tiempo el papel de algunos libros, un amarillo oscuro que dificulta la lección por atenuar el contraste con el negro de las letras, un color que recuerda el tabaco.

Imaginen una comarca que vivió en sus tiempos una gran actividad económica, basada, eso sí, en la economía esclavista, donde se cultivaban con éxito el tabaco, primero, y el algodón, después, que, avanzado el siglo XX, y después de la Crisis de 1929, se encuentra asolada. La tierra ha perdido casi todo el valor que tenía, la gente emigra a la ciudad para trabajar en la industria textil, y cientos de familias sobreviven como pueden a las malas cosechas de algodón y a unos precios a pie de campo ridículos. Son familias integradas por personas analfabetas y faltas de las más mínimas dosis de empatía hacia los demás, pendientes solo de encontrar algo que llevarse a la boca. No pueden contar con la ayuda de nadie, ni del Estado —ya conocemos la tradicional falta de asistencia a los desfavorecidos de las administraciones norteamericanas— ni, por supuesto, de los bancos, pendientes solos de rentabilizar al máximo sus relaciones con estos aparceros pobres. Los protagonistas de la novela son los miembros de una familia completamente desestructurada y animal, los Lester. El matrimonio, ya en las puertas de la vejez, ha tenido diecisiete hijos de los cuales han sobrevivido poco más de la mitad, pero solo dos de los pequeños viven aún con ellos. Los dos hijos están marcados por disfuncionalidades intelecto-emocionales y físicas. A ellos cuatro hay que sumar la madre del marido, una anciana que todos ignoran, a la que no dan muestra alguna de cariño y va a morir de la forma más inhumana que imaginarse pueda. La novela es un alegato contra la insolidaridad de los poderosos, en época de crisis aún más egoístas de lo que suelen serlo habitualmente, pues el sálvese quien pueda nunca ha sido la máxima de una sociedad civilizada. Caldwell era hijo de un predicador e inevitablemente la religión va a tener una importancia crucial en el argumento, esas prácticas religiosas propias de las zonas más pobres de los Estados Unidos, donde algunos, y algunas, medran gracias a la ignorancia y la ingenuidad de los fieles. El fuego purificador, elemento presente en los cultos religiosos desde la más remota antigüedad, acabará haciendo justicia.

En cuanto a técnicas narrativas, destaca el uso de un personaje, Lov Mensey, que abre y cierra el relato, aunque el resto del tiempo se mantiene alejado de la acción. Este trabaja para el ferrocarril, uno de los pocos empleos de la zona. Gana un dólar diario y es, por ello, un auténtico privilegiado.

 

Víctor Espuny.