jueves, 30 de julio de 2020

La profesora de piano



            Tras los títulos de crédito imprescindibles, aparece un primer plano de la cara de una mujer de mediana edad despeinada y tendida en un sofá. La mujer mira con insistencia hacia un punto situado a la derecha de la cámara pero muy cerca de ella, de manera que en un primer momento puede parecer que mira a la cámara misma. A este plano le sigue otro de un espacio vacío entre las estanterías cortadas de una librería, el espacio justo para que quepa un piano de pared convencional. En el extremo de una de las estanterías descansa, ahora inútil, un metrónomo. En otro una fotografía de la mujer con treinta años menos y un niño de meses. Es lo que ella ve. La mujer se levanta del sofá donde ha mal dormido. La habitación está repleta de discos y de aparatos reproductores de música. Sobre una mesa hay arrugadas varias hojas de papel escrito, productos desechados de un intento de escritura, quizá una carta. La mujer se dirige a una ventana horizontal de doble hoja y la abre de par en par, dejando entrar el fresco de la mañana y el sonido de la ciudad. Es un piso alto: las copas de los árboles de un gran parque se dibujan con las primeras luces del día. La mujer da la espalda a la cámara. Ahora coge una silla, la coloca muy cerca de la ventana, se sube en ella y…
            De esta manera, para mí magistral, perfectamente recomendable como inicio de un relato subyugador, comienza la narración de un día en la vida de Lara Jenkins, el de su sexagésimo cumpleaños. Por supuesto, no voy a contar la película pero sí a recomendarla vivamente.
La literatura y el cine alemanes tienen una larga tradición de mujeres maduras muy fuertes, a menudo desequilibradas por traumáticas experiencias de infancia o juventud, que encuentran un especial placer en dominar a los demás, sobre todo a hombres inexpertos, ya sea con un vínculo sexual o solo maternal pero a menudo dejando entrever un placer por la disciplina no exento del uso de la crueldad mental o física. En este caso median el estudio y la práctica musicales, tan importantes en una cultura que ha dado la gran mayoría de los nombres más célebres de la música clásica. El hijo de Lara se llama Viktor y es concertista de piano y compositor. El personaje de Lara domina la narración, su punto de vista es único. La película es sanadora, ayuda a Lara a descifrarse y al hijo a madurar. Creo que La profesora de piano sería muy recomendable para cualquier amante de la música y, sobre todo, para esos padres empeñados en que su hijo aprenda un instrumento a la manera tradicional, con interminables ejercicios de digitación y otras servidumbres ineludibles para alguien que quiera alcanzar un nivel técnico superior en un mundo terriblemente competitivo. La música es placer. Tiene que serlo para el que la escucha y, sobre todo, para el que la interpreta y la compone, nunca algo relacionado con el dolor y la frustración. Muy interesante.
           
 La profesora de piano. (Título original: Lara). Alemania, 2019. Dirigida por Jan Ole Gerster. Guión de Blaz Kutin. Intérpretes principales: Corinna Harfouch y Tom Schilling.

miércoles, 22 de julio de 2020

El precio de la amistad, de Kjell Askildsen


Foto: LA NACIÓN

            Especialista en relato breve, Kjell Askildsen (Noruega, 1929) —opino sobre el libro que he leído, que recoge cuentos escritos entre 1998 y 2004— escribe de forma muy austera en las descripciones y aún en los hechos: lo que ocurre es muy poco y está contando con muy pocas palabras. Lo más peculiar de estos cuentos es una mirada de la vida desencantada, sombría, tocada por un punto existencialista. Sus personajes se mueven en una especie de realidad sólida, muy densa, como sumergidos en piscinas de mercurio de la que no pudiesen salir. Los puntos de vista varían entre la tercera y la primera, como es habitual, y también figura alguno en segunda, más inusual. Los protagonistas narradores a menudo son hombres que viven la sexualidad real o imaginariamente, con tendencia a comportamientos ajenos a una moral estrecha. No hay nada explícito, tampoco en los encuentros sexuales, que pueden pasar con un simple «y se acostaron». Aparecen la familia y los amigos, pero siempre vistos desde un lugar donde solo cabe el escritor. Da la impresión de que Askildsen defiende su sitio frente a otras personas, las que sean, lo que da lugar a una visión muy fría de la existencia y las relaciones humanas. Ha creado una escritura y un mundo distintos, muy personales. A pesar de todo, destacaría El otro sueño, de aire cortazariano, y El neceser y La excursión de Martin Hansen, los dos cercanos a Camus. Son influencias que le honran.

Kjell Askildsen, El precio de la amistad, Madrid, Nórdica, 2020. Traducción de Kirsti Baggerthun y Asunción Lorenzo. Epílogo de Julián Rodríguez.

martes, 21 de julio de 2020

La familia que tú eliges


Fotograma de la película

Si le gusta Mark Twain y aprecia la rentabilidad narrativa encerrada en parejas de individuos muy distintos; si piensa que las personas con síndrome de Down tienen el mismo derecho a la libertad que las demás; si disfruta con los paisajes acuáticos y las impactantes tomas cenitales, con los atardeceres tintados de rojo, con los espacios abiertos en plena naturaleza; si ama el cine de emociones y le da igual que la realidad quede suspendida por momentos, La familia que tú eliges es su película. El título original, The Peanut Butter Falcon, hace referencia al nombre de batalla que elige el protagonista, gran amante de la crema de cacahuete. Quizá a los distribuidores en España les pareció un título poco comercial y alguien decidió cambiarlo por uno que contiene elementos más identificables en los países de cultura mediterránea, donde la institución de la familia parece tener un peso mayor que en Estados Unidos.
La acción transcurre en Carolina del Norte, exactamente en la fina y arqueada lengua de tierra repleta de parques naturales que abraza el estado por sus límites nororientales. Los protagonistas son un muchacho abandonado por sus padres y residente en un asilo de ancianos y un joven de carácter noble pero empujado por la vida a huir de la justicia. Ambos emprenderán un camino de autoconocimiento y maduración. No voy a contar más por si va a verla. Reirá, derramará alguna lagrima de emoción —la mascarilla es un incordio para llorar pero no hay más remedio que llevarla— y saldrá del cine pletórico y con ilusión en la posibilidad de otra vida. Los actores principales, Zack Gottsagen, Shia LaBeouf y Dakota Johnson, contribuyen con su excelente trabajo a la magia de la película.

The Peanut Butter Falcon (EEUU, 2019). Dirigida por Tyler Nilson y Mike Schwartz.

domingo, 19 de julio de 2020

El doble, de Fiódor Dostoyevski


Fotografía del autor (trabalibros.com)

            El tema de la percepción distinta de la realidad atrajo al gran novelista Fiódor Dostoyevski (1821-1881), él mismo, posiblemente, víctima de percepciones alteradas. En este caso se trata de un desdoblamiento del mismo individuo pero no propiamente de esquizofrenia sino de una psicosis que cursa con alucinaciones sensoriales. El protagonista, Yákov Petróvich Goliadkin, funcionario de la administración zarista en un puesto menor, proyectará en un individuo inexistente las facetas de su personalidad inasumibles por su parte, digamos, correcta, modosa, presentable. Ese doble que él ve, y los lectores ven, que tiene su mismo nombre, su mismo aspecto y su misma dirección, realmente no existe, algo que el lector intuye desde su aparición. Goliadkin delira, sufre, cree que todos conspiran contra él, que ese doble de comportamiento deleznable ha sido creado por sus compañeros de oficina. Goliadkin II, al que percibe y con el que se comunica, es arribista, chabacano, adulador, materialista, mendaz. Goliadkin vive angustiado, y el lector, que lo ve caminar hacia una crisis mental inevitable, comparte su angustia. El protagonista del relato es variable, no posee asertividad ni voluntad propia, cualquiera pude convencerlo de cualquier cosa. El suyo es el retrato perfecto de las debilidades de ciertos enfermos mentales, ante todo sufridores sin causa, y, en su faceta conformista, el anticipo de personajes de Moravia, Kafka, Camus o el austriaco Peter Handke.
La novela, publicada en 1846, no pudo ser correctamente valorada ni comprendida hasta bien entrado el siglo XX.  

Fiódor Dostoyevsky, El doble. Poema de Petersburgo, Madrid, Alianza, 2015. Traducción y nota preliminar de Juan López-Morillas.

miércoles, 15 de julio de 2020

Mírgorod, de Nikolái V. Gógol


Detalle de Cosacos zaporogos escribiendo 
una carta al Sultán. Iliá Repin (1880-1891)

Se trata de un libro de narraciones publicado en 1835. Su autor, Nokolái V. Gógol (1809-1852), de imaginación y sensibilidad excepcionales, nos deja cuatro relatos muy diferentes en su temática y muy fáciles de leer.
Tarás Bulba, el más extenso —ocupa más de la mitad del libro—, es una recreación literaria de las guerras habidas en el siglo XVI entre los cosacos zaporogos y los polacos y entre los cosacos zaporogos y los tártaros, algunos de sus enemigos naturales por cuestiones de proximidad. El texto es un claro ejemplo de ese gusto único de los artistas rusos en las descripciones de sus inacabables paisajes. Los protagonistas absolutos del relato son los cosacos, en especial Tarás Bulba y sus dos hijos, Ostap y Andréi. El padre es una persona que ama y respeta las tradiciones de su pueblo. Defiende el cristianismo ortodoxo, persigue a los judíos, es rudo, a veces bestial, una peligrosa carga de testosterona que solo atiende a emborracharse y a partirse el alma con quien sea. Ostap, el mayor, es como el padre. El contraste que genera tensión narrativa, y mucha, se crea con Andréi, un punto menos rudo y grosero, lo suficiente para sentir la herida del amor. Dado el carácter épico del relato, sus páginas contienen innumerables descripciones de encuentros guerreros y, en general, actos violentos, muchos de ellos de clara y atractiva influencia homérica tanto en su desarrollo como en el uso de imágenes literarias —comparaciones— similares. La Iíada está detrás de muchas de sus páginas. También cabe destacar la influencia evangélica en el momento culminante de la vida de Ostap.
Tarás Bulba posee pasajes realmente sobrecogedores.
Terratenientes de antaño es una delicada fábula sobre los últimos años de existencia de un matrimonio ya mayor propietario de una finca de la que come toda la comarca a sus espaldas. Apoyados el uno en el otro, se aman con generosidad y viven pendientes de unos placeres de la mesa en verdad pantagruélicos.
Vi pertenece al género de terror de temática religiosa, esto es, el relacionado con la existencia del diablo y sus grandes poderes para hacer el mal. Cuenta cómo era la existencia de los seminaristas de la época, estudiantes en la ciudad de Kiev. Está al mismo nivel que las narraciones más escalofriantes que uno pueda recordar, incluidas las cinematográficas.
Por qué discutieron Iván Ivánovich e Iván Nikíforovich, el último de los relatos, es muy divertido, a ratos hilarante. Cuenta cómo era la vida en Mírgorod, una población inventada pero asimilable con muchas localidades rurales de la Ucrania de aquella época, lugares atrasados, sucios y gobernados por personas venales mantenidas por una administración de justicia muy, pero que muy, lenta. Básicamente nos habla de la testarudez humana.
En definitiva, un libro muy recomendable. Recoge las experiencias de Gógol como burócrata de la administración zarista y miembro de una familia de pequeños propietarios rurales. En su clara inclinación por el relato de la vida de esos propietarios de tierras aislados de las capitales, en la comodidad que parece adivinarse en la escritura de los relatos dedicados a ellos y en las ingeniosas descripciones de personajes excesivos está ya anunciada su novela Las almas muertas, que escribiría poco después.
El apasionante mundo de la historia de la literatura se extiende ante nosotros. Está ahí, disponible, al alcance de la mano.

Nikolái V. Gógol, Mírgorod, Barcelona, Alba Editorial, 2019. Traducción de Víctor Gallego Ballestero.