Narciso mirándose en el agua. Firma ilegible.
Se trata de un ensayo de poco más de
trescientas páginas, pero de lectura ardua en algunos pasajes al sobrentender en
el lector conocimientos muy variados. Christopher Lasch (1932-1994) fue
profesor universitario de historia, sociólogo y una persona muy culta a juzgar
por todas las referencias cruzadas que aparecen en sus páginas. En su
traducción al español han jugado de manera un tanto innoble con el lector al
escamotear el adjetivo «americana». El texto está dirigido en todo momento a
los lectores de aquel influyente país, aunque no tanto como para haber trasplantado
a Europa deportes como el beisbol y el hockey sobre hielo, disciplinas de las
que habla en extenso en el capítulo V, titulado «La degradación del deporte».
Así mismo, la bibliografía que cita proviene en su mayor parte también de su
país, hecho en este caso comprensible por ser los Estados Unidos el modelo de
la sociedad capitalista, el país, por tanto, donde mejor y más tempranamente se
han observado y se han estudiado los cambios sociales habidos durante los siglos
XIX y XX. Estas críticas no deben desanimar al lector. Aunque el libro fue
escrito en los años setenta, lo hizo con un conocimiento de la sociedad modelo,
la suya, tan profundo, y una visión de futuro tan acertada, que la mayoría de
sus juicios sobre el comportamiento narcisista de los miembros de la sociedad
siguen hoy absolutamente vigentes. Además, esos comportamientos parecen haberse
agudizado gracias a la tecnología, de evolución difícil de prever en los años
setenta. Voy a copiar algunas frases antológicas:
«Estamos
perdiendo de forma vertiginosa un sentido de la continuidad histórica, el
sentido de pertenencia a una secuencia de generaciones originada en el pasado y
que habrá de prolongarse en el futuro» (p. 22).
«Puesto
que la sociedad no tiene futuro [debido a la destrucción del planeta y a la
falta de descendientes], tiene sentido vivir solo el momento, fijar la mirada
en nuestro “desempeño particular”, transformarnos en expertos en nuestra propia
decadencia, cultivar una “autoatención trascendental» (pp. 22-23 citando a Jim
Hougan, Decadence: Radical Nostalgia, Narcissism, and Decline in the
Seventies, 1975).
«El
clima dominante en la sociedad contemporánea es terapéutico, no religioso. La
gente de hoy no se muestra ávida de salvación personal, y no digamos ya de una
época dorada anterior, sino de un sentimiento, de una ilusión momentánea de
bienestar personal, de salud y seguridad psíquicas» (p. 24).
«La
atrofia de antiguas tradiciones de autosustento ha erosionado la competencia en
una esfera tras otra de lo cotidiano y ha convertido al individuo en dependiente
del Estado, de las grandes corporaciones y otras burocracias. El narcisismo
representa la dimensión psicológica de esa dependencia. Pese a sus ocasionales ilusiones
de omnipotencia, la autoestima del narcisista depende de otros. No puede vivir
sin una audiencia que lo admire» (p. 27); parece estar describiendo a la
persona obsesionada con el aplauso en las redes sociales.
«Nada
tiene más éxito que la apariencia de éxito» (p. 87).
«Los
expertos escriben manuales tácticos sobre el arte de la supervivencia social,
aconsejando que el asiduo a las fiestas en busca de estatus se sitúe en una
postura de predominio en la habitación del caso, que se rodee de una facción
leal de adherentes y evite dar la espalda al campo de batalla» (p. 95).
En
las páginas 99 a 101 se puede leer un interesante y descorazonador comentario
sobre la correspondencia entre las obras del marqués de Sade y la sociedad
actual. En esta, como en la sociedad más cruelmente capitalista, «los seres
humanos son reducibles en última instancia a la condición de objetos
intercambiables» (p. 100).
«La
publicidad […] proclama el consumo como la respuesta a las penurias consuetudinarias
de la soledad, la enfermedad, la fatiga, la insatisfacción sexual; al mismo
tiempo, crea nuevas formas de insatisfacción, típicas de la era moderna. […]. El
consumo [se ha convertido en] una alternativa a la protesta o a la rebelión. […].
El trabajador cansado, en vez de intentar modificar sus condiciones de trabajo,
busca renovarse dando brillo a su entorno inmediato con nuevos bienes y
servicios» (p. 105).
«La
“educación” de las masas ha alterado el equilibrio de fuerzas dentro de la
familia, debilitando la autoridad del marido en relación con la esposa y de los
padres en relación con sus hijos. Emancipa a las mujeres y a los hijos de la
autoridad patriarcal solo para someterlos al nuevo paternalismo de la industria
de la publicidad, de las corporaciones industriales y el Estado» (p. 107).
«La
experimentación continua en las artes ha provocado tal confusión en los
criterios de validación que las únicas medidas de excelencia que perviven son
la novedad y el valor de sorprender, aptitud que, en una época donde campea el tedio,
reside a menudo en la fealdad y la trivialidad extremas de una obra» (p. 146).
«Los
deportes competitivos han hecho de Estados Unidos una nación de militaristas, fascistas
y predadores egotistas, que alienta una “deportividad mediocre” en todos los vínculos
sociales y propicia la extinción de la cooperación y de toda forma de compasión»
(p. 160).
«El
deterioro del matrimonio contribuye en sí mismo al deterioro del cuidado de los
hijos» (p. 246).
«La
tradición de la galantería enmascaraba, y hasta cierto punto mitigaba, la opresión
estructural de la mujer. […]; esa ficción empalagosa pero útil limitaba su
capacidad [del hombre] de explotar a la mujer mediante la fuerza física» (p.
248).
«Antes
los hombres se quejaban de la falta de respuesta sexual de las mujeres; ahora
esa misma respuesta les intimida y se atormentan pensando en su capacidad de
satisfacerla» (pp. 252-253).
«El
capitalismo moderno desechó la hegemonía del clero y de la monarquía solo para
sustituirla por la hegemonía de las grandes corporaciones, de la clase gerencial
y profesional que opera el sistema corporativo y el Estado corporativo» (p. 283).
Como supondrá el lector, estas citas
son solo algunas de las muchas que podrían extraerse del libro, realmente
aconsejable. En cuanto a las referencias bibliográficas del autor, llama la
atención la cantidad de libros fundamentales citados que no están traducidos al
español. Valga un solo ejemplo. En 1929, Williard Waller, eminente sociólogo,
publicó un ensayo revolucionario —The Old Love and the New: Divorce and
Readjustment— que aún espera traductor al español. Y ha pasado casi un
siglo.
Christopher
Lasch, La cultura del narcisismo. La vida en una era de expectativas decrecientes.
Madrid, Capitán Swing, 2023. [The Culture of Narcissism: American Life in an
Age of Diminishing Expectations (1979); traducción de Jaime Collyer]
Víctor
Espuny.