Residencia solariega en Boston (Foto: Maxwell Hamilton).
Se trata de una novela de juventud
del influyente novelista norteamericano, nacido en Nueva York en 1843 y
fallecido en Londres en 1916. Fue publicada en 1878, cuando James tenía treinta
y cinco años. Puede parecer una edad avanzada para hablar de obra de juventud,
pero teniendo en cuenta lo fértil que fue la pluma de este autor, puede
considerarse así: solo después de ella, sobre todo a partir de 1881, escribió
James sus grandes novelas. Autor con el corazón y el alma escindida entre
América y Estados Unidos, debido a su educación y a los tempranos viajes que
realizó al viejo continente —viajes que, como pueden suponer, no eran como los
nuestros, de apenas unos días, sino que consistían en estancias de años—, en Los
europeos deja aflorar de nuevo ese contraste entre dos continentes y dos
formas de entender la existencia que caracterizó su vida y caracteriza su obra. En Los
europeos lleva el contraste casi al punto de la caricatura. Los europeos,
los principales protagonistas, son dos hermanos, Eugenia y Félix, que han
llegado a Boston desde Alemania para encontrar unos familiares que tienen allí.
Son personas muy sofisticadas. En su conversación intercalan continuamente
expresiones en francés y han viajado por toda Europa. Félix es un pintor
notable, muy apuesto y bienhumorado, y Eugenia posee el título de baronesa y
una educación y una belleza admirables. Sus parientes norteamericanos viven en
el campo, en una casa grande pero decorada de forma austera. No han viajado a
ningún sitio —solo uno de ellos, el más inteligente, que ha pasado una
temporada en China— y son dueños, y sufridores, de unos límites de conducta muy
estrictos debido al carácter puritano de la religión que profesan. La llegada,
y la prolongada estancia entre ellos, de sus parientes europeos va revolucionar
la vida de esta acomodada familia. El carácter de timadores que aflora en los europeos
desde el principio, de vividores cazafortunas, se atenúa poco a poco al ser
ganados por la simple ingenuidad de los americanos, que viven en una mítica
Edad de Oro, uno de los tópicos de la literatura europea sobre América desde su
mismo nacimiento. Para los viajeros europeos, la simplicidad, la bondad, con la
que se conducían los nativos del nuevo continente es una constante desde los
primeros testimonios de los exploradores españoles y, como vemos, alcanza al
menos hasta la época en la que Henry James escribía, cuando los americanos con
los que trataban eran descendientes de europeos, como era el caso del novelista
neoyorkino, que descendía de irlandeses y escoceses por las dos ramas familiares.
La ficción, contada en tercera persona por un narrador cálido y cercano al
oyente, usuario de fórmulas de la literatura oral, posee grandes visos de
teatralidad debido a los largos diálogos, en los que resalta sobre todo el afán
por entender y analizar qué ocurre en la mente de los personajes. Posiblemente
haya sido adaptada al teatro alguna vez, incluso por el mismo James, extremo
que desconozco por no conocer bien su producción, de gran extensión y
profundidad. Los interesados pueden visitar esta otra reseña sobre una
obra del escritor norteamericano, que vio la luz hace ocho años en El
sendero perdido, mi otro blog. Igualmente, tienen a su disposición
innumerables páginas de internet sobre James y sus obras.
Henry
James, Los europeos, Barcelona, Ediciones Orbis, 1982. Traducción de
José Luis López Muñoz. [The Europeans, 1878].
Víctor
Espuny.