lunes, 3 de junio de 2019

Viaje a la semilla, de Alejo Carpentier


El autor en plena faena (Foto: bohemia.cu)

         Como ya conté en otro sitio, Alejo Carpentier (1904-1980) fue uno de los autores que me despertó el gusto por el español de América. Su prosa es realmente luminosa, olorosa y sonora. Las frases de Carpentier dejan un poso cálido y dulce en el alma del lector, un temblor de la otra orilla. Este autor cubano es amante de la historia y a menudo la usa como armazón de sus narraciones. La ambientación de sus relatos, fruto de una rigurosa documentación fraguada a lo largo de incontables lecturas, está muy trabajada.
El relato Viaje a la semilla, sin embargo, destaca por una muy personal utilización del tiempo. Ignoro, como tantas cosas, si existen precedentes de relatos, digamos, inversos, imagino que sí, pero no conozco ninguno anterior a 1944, momento de su escritura. Como ya sabrá el lector, o habrá deducido por el título del relato, Viaje a la semilla trata de una especie de rejuvenecimiento general de la cosas, no solo de las personas. La acción, salvo en los capítulos inicial y final, «avanza» hacia atrás, progresa regresando. La intención de Carpentier escondida en esta argucia técnica parece ser de denuncia social y de resolución de conflictos. Desandamos el camino para reiniciarlo y poder solventar los errores, elegir bien en los cruces donde nos equivocamos, volver al principio de las cosas, cuando todos podíamos ser iguales y el color de la piel no era decisivo, una marca de nacimiento que facilita o complica la existencia. Ideas así eran predecibles en una sociedad como la cubana, uno de los últimos países donde se abolió la esclavitud. La genialidad de Carpentier está en la forma de contarlo.
         En cuanto al ejemplar del libro, es una edición barata, de economía se subsistencia. De pastas de simple cartón, está mal encuadernado, demasiada goma para pegar el cartón a los cuadernillos. Sus hojas huelen a húmedo, sus páginas amarillean. Por una nota escrita a bolígrafo se sabe que uno de sus anteriores dueños, Mercedes, lo compró en Budapest en el verano de 1981. Posee un alma especial.

Alejo Carpentier, Viaje a la semilla, relato incluido en Cuentos, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1979, págs. 64 a 78.

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