martes, 21 de enero de 2020

Fortuna



Película que ha podido pasar desapercibida, Fortuna cuenta los sufrimientos de una adolecente etíope llegada a Europa en patera y acogida, junto con otros inmigrantes, en un monasterio católico situado junto al Gran Simplón. Rodada en blanco y negro, contiene planos de una estremecedora belleza en los que se juega con la luz y con los volúmenes para evocar una atmósfera en la que lo material no tiene cabida. Fortuna avanza tan cabizbaja como su burrita amiga, inmersas ambas en una existencia que solo les plantea dificultades. Fortuna está seria y muda, tiene un secreto que no se atreve a confesar. Cuando lo haga habrá personas que se pongan de su lado, la gran mayoría, todos salvo la persona que más le importa.
En el monasterio la paz se ve una noche alterada de una forma que rompe de manera definitiva y traumática el tranquilo existir de sus monjes, entregados a la meditación y a la creación artística antes de la llegada de los inmigrantes. Algún monje protesta. El prior, encarnado por un Bruno Granz de impactante actuación —dota a su personaje de una fuerza moral incontestable—, lo calla con un discurso que debe ser escuchado por todos los que viven insensibilizados ya ante el drama de los cientos de personas que llegan a Europa a diario con solo lo puesto. Entre ellos hay muchos menores no acompañados que sufren dramas terribles. Ojalá todos encontrasen en la realidad la protección que halla Fortuna en esta emocionante película. 

Fortuna, Suiza, 2018. Dirección y guión de Germinal Roaux.     

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