jueves, 20 de junio de 2019

Yann Andrea Steiner, de Marguerite Duras


Playa de Trouville-sur-Mer (Foto: Svend Olling)

            Novela lírica producto de un corazón agradecido. Fue uno de los últimos libros de la gran escritora francesa Marguerite Duras (1914-1996). En él quedó testimonio de la manera en que se inició la relación entre Duras y la última persona que convivió con ella, un admirador suyo, también escritor, llamado Yann Lemée (1952-2014). Lemée, de fuerte influencia durasiana, firmaba sus libros como Yann Andréa. Se llevaban treinta y ocho años. Después de una larga relación epistolar unilateral —Duras no contestaba a las cartas—, en 1980 la escritora accedió a entrevistarse con él, a recibirlo en su casa de Trouville-sur-Mer, y ya no se separaron hasta la muerte de la escritora. Lemée fue su compañero y su secretario por el resto de sus días. En su testamento Duras lo nombró su albacea literario.
            La devoción profesada por Lemée, tan preciosamente humana, tuvo su recompensa. No debió ser fácil convivir con una persona como Duras, no suele ser fácil la convivencia con personas de carácter fuerte amantes de la soledad, pero la admiración que sentía por ella debió ayudarle a superar esos malos momentos, a justificar sus desplantes o su mal humor. Lemée era homosexual, más sensible, por tanto, que la media masculina, y quizá ese detalle ayudó a que la convivencia prosperara. En fin, son elucubraciones mías.
            Yann Andréa Steiner cuenta en sus primeras páginas los pormenores del encuentro de los dos y pasa luego a relatar cómo ambos imaginan historias. Dos son las principales, ambas relacionadas con el Holocausto. En la primera, que ocupa menos páginas, se describe, idealizando y poetizando la situación, a una mujer joven y elegante vestida completamente de blanco que espera en una estación el tren que la llevará a Auschwitz. La segunda, más impactante y efectiva desde el punto de vista literario, es la historia que pasa ante sus ojos soñadores en la playa de Trouville-sur-Mer. Es verano. Una colonia de niños pobres llena con sus gritos y sus risas la playa cada día. Los acompañan las monitoras, que les cuentan historias para entretenerlos. Entre los niños hay uno de seis años, Samuel Steiner, que perdió a sus padres y a su hermanita durante la guerra, la niña asesinada ante sus ojos. Samuel, de ojos grises, permanece mudo y no sonríe como los otros niños. Una monitora, Jeanne Goldberg, se apiada de él, intenta protegerlo y acaba sintiendo por él una atracción especial. Nunca se separan. Aunque en ningún momento de la novela se manifiesta de manera explícita, el paralelismo entre las dos historias —Duras/Lemée y Goldberg/Steiner— es claro. Como en otros libros de Duras, existe una visión llena de ternura del mundo infantil y un emotivo lirismo en las descripciones de los actos. La playa con la marea baja aparece como una inmensidad en la que sólo tiene cabida la belleza.
Europa, sin embargo, vivió una  larga y terrible noche y aún se lame las heridas. Libros como este ayudan a no olvidarlo.
           
Marguerite Duras, Yann Andréa Steiner, Madrid, Alianza Editorial, 2019. (Yann Andréa Steiner, 1992). Traducción de Manuel de Lope Rebollo.

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