
Según se deduce de la
lectura de este libro, la historia de la economía europea durante el periodo
comprendido entre los años 500 y 1200 va unida a avances tecnológicos y
culturales. En un primer momento, el peor documentado, el progreso es muy
lento, aunque deben distinguirse grados de desarrollo distintos según las
zonas. El área más romanizada se encontraba en un estadio de su historia
cultural y técnica notablemente más avanzado de aquel de la Europa llamada
«salvaje», en general la situada al norte y al este de los límites del Imperio
Romano en suelo Europeo. Durante estos primeros siglos de la Edad Media el
hombre se limita a subsistir en una lucha diaria contra la naturaleza, un intento
desesperado de arrancar, con útiles muy rudimentarios, algo de comer a una
tierra apenas cultivada. En la zona meridional del continente, y en gran parte
de la antigua Galia, existían unas infraestructuras y unos usos agrícolas
consolidados que tuvieron que desarrollarse en el norte y el este, territorios
que, a pesar de su atraso general, iban a tener siempre a su favor una mejor
tecnología del hierro y, por tanto, mejores útiles bélicos y agrícolas. Otro de
los pilares de la economía era el saqueo. Los hombres libres, agricultores,
tenían derecho a portar armas y seguir a su señor en las expediciones depredadoras
que este organizaba con la llegada del buen tiempo. En el territorio
tradicional de los francos —Austrasia y Neustria—, una dinastía de hombres de
la guerra consigue crear un imperio (carolingio) que se extiende por media
Europa y ayuda a consolidar los territorios papales, organización religiosa que
sancionará el poder carolingio.

Mapa de la expansión del Imperio Franco, entre 481 y
814.
(Atlas histórico
de William R. Shepherd)
A la muerte de
Carlomagno, comienzos del siglo IX, su imperio de desmembra por la falta de
una autoridad tan fuerte como la suya. Surge entonces un colectivo de señores
territoriales, dueños de tierras más o menos extensas, que apoyan su poder en
el orden feudal, nuevo y duradero sistema social que vivirá pocos cambios hasta
el surgimiento y la extensión del espíritu de lucro, ya al final de la Alta
Edad Media. Hasta entonces, cuando surge muy pujante la clase de los mercatores y se inicia el predominio de
las ciudades, la sociedad está organizada en oratores, aquellos que rezan por la salvación de las almas de los
demás y acumulan un extraordinario patrimonio gracias a las donaciones de los
fieles; bellatores, aquellos que
defienden a los demás; y laboratores,
los únicos que realmente trabajan y pagan impuestos, en su caso una infinidad
de ellos, de todos los tipos imaginables y sobre cualquier actividad económica.
Los señores, ya sean clérigos o civiles, viven de los gravámenes
impuestos a los que trabajan, colectivo integrado por personas supuestamente libres.
La tesaurización efectuada por los señores, sobre todo eclesiásticos —este es
el colectivo mejor conocido gracias a la documentación que generaban—, les
permite, con el paso del tiempo, construir lujosas residencias, reforzar la
seguridad de las poblaciones por medio de murallas que los protejan de los
ataques de sarracenos, vikingos y magiares y edificar templos cada vez más
grandes y lujosos, actividades que fomentan la economía y la circulación de
moneda, de uso cada vez más común y fabricada (acuñada) en más lugares. Los
señores, de mentes ya más evolucionadas, comienzan en ciertas áreas a tener una
visión moderna de la economía, basada más en el logro de unos ingresos
regulares que en la consecución de un botín de guerra, a veces ingente pero de
ingreso muy irregular. La clase de los mercaderes prospera junto a los centros
de poder —palacios y monasterios— y crea burgos, ciudades, que comienzan a
poseer cierto poder e independencia, sobre todo en zonas de Flandes e Italia
septentrional. La Europa del año 1200 es ya muy distinta de aquella del 500.
A
pesar de contener pasajes que se hacen interminables por la densidad de su
contenido, la lectura de Guerreros y
campesinos contribuye de forma muy satisfactoria al acercamiento a una
época de la historia europea de la que, habitualmente, y a pesar de la plétora
de libros sobre historia medieval, comúnmente novelas históricas, que atestan
los anaqueles de las librerías, se posee muy poca información rigurosa. Además,
la información que suele poseerse sobre este periodo histórico a menudo es
producto de un sesgo demasiado negativo, basado en tópicos sobre el atraso, la
brutalidad y la ignorancia medievales. Una de las ideas principales del libro
es la de lentitud. Los cambios que se van sucediendo lo hacen de manera
insensible —la palabra «insensiblemente» se repite cada poco en la traducción
de José Luis Martín—, característica del proceso histórico que sirve para ser
consciente de la extensión en el tiempo de los cambios sufridos por la
sociedad, las fronteras, los útiles agrícolas (la tecnología en general), el
tipo de economía y el mundo de las ideas. Personalmente, y aunque ha estado a
la vista desde siempre, ha sido enriquecedor advertir, gracias a esta lectura,
cómo se han invertido los papeles de los países del sur y del norte de Europa,
cómo los países romanizados, los más avanzados, modélicos para los demás en los
albores de las Edad Media, han pasado a una posición secundaria en Europa
gracias a un proceso iniciado en tiempos medievales, cuando el territorio
romanizado había alcanzado la plenitud de su desarrollo y los territorios del
norte, en estado semisalvaje, permanecían intactos y con un importantísimo
potencial que desarrollar. La división de la iglesia cristiana ya en la Edad
Moderna, el surgimiento del protestantismo y el subsiguiente distanciamiento de
los territorios, obedientes o no a Roma, harían el resto.
Esquema
comentado del contenido del libro
1.- Primera parte.
Las bases. Siglos VII y VIII
El
autor tiene que enfrentarse al obstáculo que supone la falta de documentación
textual de este periodo, principalmente para el conocimiento de las áreas que
no habían sido romanizadas.
1.a.-
Las fuerzas productivas
En
la Europa menos romanizada, el hombre se enfrenta a una naturaleza muy agreste
que tiene que domeñar con el uso de útiles muy rudimentarios. En estos primeros
siglos el clima es severo y la población escasa. Hay una división clara entre
las zonas cultivadas (ager) y el
bosque (saltus), sobre todo en la
zona germánica. Los rendimientos agrícolas son muy bajos.
1.b.-
Las estructuras sociales
1.b.1.-
Los esclavos. No tenían absolutamente
nada en propiedad, ni siquiera sus personas. El cristianismo prohibió la
esclavitud pero no la persiguió y, claramente, la consintió.
1.b.2.-
Los campesinos libres. Esta libertad,
más extendida en zonas poco romanizadas, se expresaba, sobre todo, en los
derechos a llevar armas, seguir a su señor en las expediciones de saqueo que
llegaban con el buen tiempo y participar de las ganancias provenientes de
ellos. Cultivaban tierras ajenas y, a pesar de la denominación, eran personas
sometidas.
1.b.3.-
Los señores. Eran los triunfadores
del sistema, los poseedores de la riqueza. Entre ellos destacan los señores
eclesiásticos, los cuales acrecentaban continuamente su patrimonio gracias a
las donaciones de los fieles. Son los más conocidos por la abundante
documentación generado por cenobios y centros de culto.
1.c.-
Las actitudes mentales
Es
un mundo rudo, en el que la cultura de la guerra predomina sobre cualquier
otra. El saqueo se convierte en una necesidad: constituye una forma rápida de
conseguir riquezas y poder consagrarlas a la redención del alma y, en general,
a lograr el favor de las fuerzas divinas. Estos primitivos europeos se sienten
fascinados por la romanidad e intentan imitar usos y costumbres de los antiguos
romanos, perpetuados también en la organización eclesiástica. Uno de los usos
imitados será el empleo de la moneda, determinante en el desarrollo de la
economía.
2.- Periodo
comprendido entre el siglo X y mediados del siglo XI
La
tendencia guerrera de la Europa bárbara, que se extenderá a la romanizada, se
convertirá en un importante factor económico.
2.a.-
La etapa carolingia
Es
una época de expansión de los francos, que conforman un imperio con cierta
unidad en Europa central.
2.a.1.-
Las tendencias demográficas. Gracias
a una relativa pacificación y a una seguridad en las fronteras, la población
crece.
2.a.2.-
El gran dominio. Debido a la
existencia de documentación para esta época y territorio, sobre todo el nuclear
del Imperio —Neustria y Austrasia—, se conoce con cierto detalle cómo era la
administración de las grandes fincas.
2.a.3.-
El comercio. El Estado se preocupó de
salvaguardar el comercio, de potenciar una actividad que tenía réditos para él.
Los principales comerciantes eran judíos y frisones. Se constata una activación
de la circulación monetaria.
2.b.-
Las últimas agresiones
2.b.1-
Los ataques. Provenían,
principalmente, se sarracenos, vikingos y magiares.
2.b.2.-
Los efectos. A corto plazo,
traumáticos y visibles. A largo, benéficos: se reactivan la circulación de
numerario y metales preciosos, los saqueos hacían que cambiaran de manos, y la
construcción de murallas y fortalezas.
2.b.3.-
Los centros de desarrollo. El
desarrollo está focalizado en tres zonas: la Europa «salvaje» (Bohemia, Polonia
y Hungría); alrededores del Mar del Norte (Inglaterra, Germania, Flandes y
Normandía); y la Europa meridional (España y, sobre todo, Italia).
3.- Las
conquistas campesinas. Desde mediados del siglo XI hasta finales del siglo XII
3.a.-
La época feudal
3.a.1.-
Los primeros signos de expansión. Se
constata un fuerte crecimiento de la población y de la actividad reconstructora
de iglesias. Esta produce una mayor circulación monetaria.
3.a.2.-
El orden feudal. Surge como
consecuencia de la debilidad de la autoridad real. Se constituyen tres órdenes
claramente separados: los que rezan por todos (oratores), los que defienden a todos (bellatores) y los que trabajan y pagan impuestos por todos los
demás (laboratores), un régimen
injusto hasta lo inimaginable. Todo gira alrededor del señorío, ya sea este
eclesiástico o civil.
3.a.3.-
Los resortes del crecimiento. Quizá
el más relevante es la propensión al lujo, que incentiva el comercio de objetos
suntuarios y la construcción de iglesias nuevas y más capaces. Todo esto es
posible gracias al proceso de destesaurización llevado a cabo, principalmente,
por la Iglesia.
3.b.-
Los campesinos
3.b.1.-
El número de los trabajadores. Este
número crece, y con él la producción. Esta va unida a un mayor número de
hombres, al aumento de la extensión de la tierra cultivada y al
perfeccionamiento de los útiles de trabajo.
3.b.2.-
El factor técnico. El arado se vuelve
más resistente, con más capacidad de ahondar en tierras duras, poco trabajadas.
El buey empieza a ser sustituido por el caballo, más rápido. Los señores
construyen molinos y hornos, que extiende el cultivo del trigo y el consumo de
pan.
3.b.3.-
La roturación. Se constata un claro
aumento de la extensión de tierra cultivada motivado por el «espíritu de
lucro».
3.c.-
Los señores
Estos
rebajan las cargas fiscales del campesinado para que este pueda progresar y
contribuir más en el futuro.
3.c.1.
El ejemplo monástico. Es el que mejor
se conoce por la existencia de documentación, sobre todo de cluniacenses y
cistercienses. Los primeros vivían como auténticos señores, ostentosos y
despilfarradores. Esta conducta les obligó a recurrir al empeño y al préstamo.
3.c.2.-
Explotar
3.c.2.1- La renta de la tierra. Esta
proviene sobre todo de hornos, molinos y diezmos, y cada vez se paga más con
numerario.
3.c.2.2.- La explotación directa. Los
señores gestionan las tierras más productivas. Los campesinos acudían a
trabajar esa tierra de la que ni siquiera eran colonos, a veces desde grandes
distancias.
3.c.2.3.- La explotación de los hombres.
El campesino sufría una alta fiscalidad. La Iglesia debe dejar su labor
prestamista a partir de 1163, cuando el Papa la prohíbe.
3.c.3.-
Gastar
Los
señores gastan, despilfarran, hacen que las monedas circulen y reactivan las
ciudades formadas alrededor de sus cortes. Indirectamente, potencian el ascenso
de artesanos y, sobre todo, comerciantes.
3.d.-
El despegue
El
ánimo de lucro se impone sobre la tendencia al despilfarro. Se deja de
‘destruir’ para ‘construir’. La ciudad ocupa ahora un lugar preponderante,
perdido desde el declive del Imperio Romano. El numerario, la moneda, llega
hasta los lugares más recónditos.
Georges Duby, Guerreros y campesinos. Desarrollo inicial de la economía europea,
500-1200. Madrid: Siglo
XXI, 2020. [The Early Growth of the
European Economy: Warriors and Peasants from the Seventh to the Twelfth Century,
1973. Traducción de José Luis Martín].
Víctor
Espuny.